

La cita era el sábado a las 21 horas. El marco incomparable. El maravilloso estadio de la Cartuja, un templo del deporte, construido con fines multifuncionales, que en la actualidad permanece cerrado a la espera de tiempos mejores.
La grada se encontraba a a reventar y la pista era una marea humana de dimensiones realmente impresionantes. 70.000 almas convocadas a presenciar la resurrección de aquel grupo que hace mas de 10 años dio su ultimo concierto en la misma ciudad, Sevilla.
Cuando alguien desaparece durante 11 años y a su regreso levanta la polvareda que han traído los Héroes, la primera percepción es que uno va a asistir a algo que no es exactamente un recital de música al uso. Demasiadas circunstancias y connotaciones me llevaban a pensar que algo poco común se iba a desarrollar. Son muchos conciertos en los últimos años los que he visto y sin embargo, aquí se palpaba en el ambiente que había muchas ganas y ansiedad porque aquello se pusiera a rodar, pero también incertidumbre y sorpresa. ¿Qué estábamos haciendo allí?
El concierto comenzó cuando las tres pantallas centrales empezaron a emitir sombras de los miembros del grupo mientras sonaban unos prolongados acordes de guitarra de El Estanque. Esas pantallas se elevaron al unísono hasta detener los 22 metros del escenario y Deshacer el mundo trajo el delirio a la concurrencia. Mar adentro, La carta, Bendecida fueron desgranándose rompiendo poco a poco los miedos e inquietudes iniciales. El grupo se iba desperezando, iban siendo lo que siempre habían sido, un gran conjunto de música, no solo cuatro músicos en busca de un buen fajo de euros. La mística que siempre envolvió al grupo, el conocido como “U2 español”, fue calando en todos y cada uno de los presentes, y las enormes canciones que guardan su discografia contribuyeron irremediablemente a que todos (Bunbury, Cardiel, Valdivia, Andreu) y la gran mayoría de los presentes, nos diéramos cuenta que estábamos recuperando momentos únicos que temimos haber perdido para siempre, y que se nos presentaban fugaces, en pequeñas raciones de cuatro minutos y que probablemente nunca volverán a visitarnos. En ese sentido es difícil cuando eres consciente de estar viviendo un momento que recordaras toda tu vida y quieres absorber todo lo que tienes ante tus ojos y sin embargo las emociones te arrastran hacia estados poco perceptivos por momentos. Por mi parte no recordaba saberme todas las letras de todas las canciones, pero el caso es que cante todas, todo de todas…yo fui el primer sorprendido.
Miraba y remiraba a mi alrededor, ese pequeño micromundo cambiante por momentos que nos envuelve en los conciertos a los que queremos estar delante, en el meollo del asunto. La pequeña ola humana nos trasladaba unas veces lateralmente y otras de atrás hacia delante. Al lado nuevas personas. Miraba sus caras, sus ojos e intentaba adivinar, que les había llevado a ir a ese concierto, como habría entrado Héroes en sus vidas, y por que once años después acudían a la llamada de Hamelin.
Recuerdo perfectamente las lágrimas como puños que derramaba una chica de no mas de 23 años mientras escuchaba la chispa adecuada. Le pregunté si se encontraba bien, y vi que su emoción apenas le impedia esbozar monosilabos. La deje con su silencio. Su amiga creo percibia que estando cerca de ella, se encontraba al mismo tiempo muy lejos.
Una imagen singular de los "heroinomanos", la representaban a la perfección Silvia y Elena. Dos hermanas de mas de 10 años de diferencia que habían venido de Madrid, una a recordar conciertos pasados y la otra a verificar que todo lo que había oido de ellos era verdad. Discos que se heredan de mayores a pequeños con historias que con el tiempo van engrandeciendose. Allí estaban, abrazadas.
Mientras en el escenario las canciones llegaban sin descanso. Héroe de leyenda, Entre dos tierras con un Juan Valdivia arrodillado en el centro del estadio mientras resonaban limpiamente las descargas de su eléctrica en ese fulgurante inicio. Locura colectiva con la parte final de No mas lágrimas, Avalancha….y tantas otras. Enrique Bunbury, (algo fondón) dejó al margen las extravagancias y contorsionismos otrora famosos para mantenerse mas estático en el escenario pero saboreando cada sílaba que salia de sus labios. Quizás ha sido el que mas contacto ha tenido estos años con su público y probablemente el que mas echaba de menos volver a cantarnos esas canciones.
Proyecciones, cinco pantallas gigantes, fuegos artificiales, cañones de papel y un sonido envolvente junto con la invitación al mítico productor del grupo Phil Manzanera que interpretó dos temas con ellos, nos condujeron al final del concierto, o mejor dicho de la celebración…y celebramos que el tiempo pasa para todos, nos hacemos mayores y quien sabe si peores, pero cuando la caja de pandora se abre y se desempolvan los recuerdos en forma de música, cuando eso sucede…nos vienen a la cabeza instantes fugaces en que fueron la melodía de nuestra vida…en los días lluviosos y los soleados, en los gloriosos y los odiosos, en el encuentro y el desencuentro, en las nubes y en los infiernos…y cuando esa llamada llega, siempre, siempre respondemos. Y volvimos, y volveremos. Sábado que viene a la misma hora, en Valencia. Luna llena. Ya escucho la llamada....
La grada se encontraba a a reventar y la pista era una marea humana de dimensiones realmente impresionantes. 70.000 almas convocadas a presenciar la resurrección de aquel grupo que hace mas de 10 años dio su ultimo concierto en la misma ciudad, Sevilla.
Cuando alguien desaparece durante 11 años y a su regreso levanta la polvareda que han traído los Héroes, la primera percepción es que uno va a asistir a algo que no es exactamente un recital de música al uso. Demasiadas circunstancias y connotaciones me llevaban a pensar que algo poco común se iba a desarrollar. Son muchos conciertos en los últimos años los que he visto y sin embargo, aquí se palpaba en el ambiente que había muchas ganas y ansiedad porque aquello se pusiera a rodar, pero también incertidumbre y sorpresa. ¿Qué estábamos haciendo allí?
El concierto comenzó cuando las tres pantallas centrales empezaron a emitir sombras de los miembros del grupo mientras sonaban unos prolongados acordes de guitarra de El Estanque. Esas pantallas se elevaron al unísono hasta detener los 22 metros del escenario y Deshacer el mundo trajo el delirio a la concurrencia. Mar adentro, La carta, Bendecida fueron desgranándose rompiendo poco a poco los miedos e inquietudes iniciales. El grupo se iba desperezando, iban siendo lo que siempre habían sido, un gran conjunto de música, no solo cuatro músicos en busca de un buen fajo de euros. La mística que siempre envolvió al grupo, el conocido como “U2 español”, fue calando en todos y cada uno de los presentes, y las enormes canciones que guardan su discografia contribuyeron irremediablemente a que todos (Bunbury, Cardiel, Valdivia, Andreu) y la gran mayoría de los presentes, nos diéramos cuenta que estábamos recuperando momentos únicos que temimos haber perdido para siempre, y que se nos presentaban fugaces, en pequeñas raciones de cuatro minutos y que probablemente nunca volverán a visitarnos. En ese sentido es difícil cuando eres consciente de estar viviendo un momento que recordaras toda tu vida y quieres absorber todo lo que tienes ante tus ojos y sin embargo las emociones te arrastran hacia estados poco perceptivos por momentos. Por mi parte no recordaba saberme todas las letras de todas las canciones, pero el caso es que cante todas, todo de todas…yo fui el primer sorprendido.
Miraba y remiraba a mi alrededor, ese pequeño micromundo cambiante por momentos que nos envuelve en los conciertos a los que queremos estar delante, en el meollo del asunto. La pequeña ola humana nos trasladaba unas veces lateralmente y otras de atrás hacia delante. Al lado nuevas personas. Miraba sus caras, sus ojos e intentaba adivinar, que les había llevado a ir a ese concierto, como habría entrado Héroes en sus vidas, y por que once años después acudían a la llamada de Hamelin.
Recuerdo perfectamente las lágrimas como puños que derramaba una chica de no mas de 23 años mientras escuchaba la chispa adecuada. Le pregunté si se encontraba bien, y vi que su emoción apenas le impedia esbozar monosilabos. La deje con su silencio. Su amiga creo percibia que estando cerca de ella, se encontraba al mismo tiempo muy lejos.
Una imagen singular de los "heroinomanos", la representaban a la perfección Silvia y Elena. Dos hermanas de mas de 10 años de diferencia que habían venido de Madrid, una a recordar conciertos pasados y la otra a verificar que todo lo que había oido de ellos era verdad. Discos que se heredan de mayores a pequeños con historias que con el tiempo van engrandeciendose. Allí estaban, abrazadas.
Mientras en el escenario las canciones llegaban sin descanso. Héroe de leyenda, Entre dos tierras con un Juan Valdivia arrodillado en el centro del estadio mientras resonaban limpiamente las descargas de su eléctrica en ese fulgurante inicio. Locura colectiva con la parte final de No mas lágrimas, Avalancha….y tantas otras. Enrique Bunbury, (algo fondón) dejó al margen las extravagancias y contorsionismos otrora famosos para mantenerse mas estático en el escenario pero saboreando cada sílaba que salia de sus labios. Quizás ha sido el que mas contacto ha tenido estos años con su público y probablemente el que mas echaba de menos volver a cantarnos esas canciones.
Proyecciones, cinco pantallas gigantes, fuegos artificiales, cañones de papel y un sonido envolvente junto con la invitación al mítico productor del grupo Phil Manzanera que interpretó dos temas con ellos, nos condujeron al final del concierto, o mejor dicho de la celebración…y celebramos que el tiempo pasa para todos, nos hacemos mayores y quien sabe si peores, pero cuando la caja de pandora se abre y se desempolvan los recuerdos en forma de música, cuando eso sucede…nos vienen a la cabeza instantes fugaces en que fueron la melodía de nuestra vida…en los días lluviosos y los soleados, en los gloriosos y los odiosos, en el encuentro y el desencuentro, en las nubes y en los infiernos…y cuando esa llamada llega, siempre, siempre respondemos. Y volvimos, y volveremos. Sábado que viene a la misma hora, en Valencia. Luna llena. Ya escucho la llamada....
2 comentarios:
ey, creo que no se grabó mi comentario donde te digo que me encanta verte sentado con lira descansando al fondo
estáis muy guapos los dos!!
Saludos desde Sevilla, Jorge.
Muy poético el comentario del concierto, fue un buen espectáculo y demostraron buena profesionalidad, la química la dejaremos para aquellos tiempos en que eran jóvenes y tocaban en pequeñas salas.
Como en Cheste, aunque creo que no tanto, los accesos al estadio y las instalaciones dejaban bastante que desear (de la vuelta ni un comentario, saludos a Oscar.
Y muy poético tb el comentario de las 2 hermanas.
Ahora, a esperar que se gaste la hucha, lo mismo los vemos de nuevo.
Aunque yo creo que undirá el ejemplo en otros grupos míticos, cinco conciertos, pasta fresca y todos contentos.
Apuestas: Mecano, El Ultimo de la Fila...?
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