Los milenarios olivos presiden en silencio el paisaje monocorde de las miles de tumbas que pueblan el valle de Josafat y gran parte de la ladera del monte de los olivos. La energía del enclave está latente, es facil percibirla. Es Jueves, no uno cualquiera sino el Jueves Santo cristiano. Al fondo a lo alto el sol se oculta bajo la muralla de la ciudad vieja....El silencio solo es roto por el tintineo de los turistas y el eco de la llamada de los almuedanos a la oración en decenas de mezquitas.
En unas horas, un judio será traicionado por uno de los suyos. ¿Será aquí en este olivo o en aquel de mas allá?
Este arbol simboliza perfectamente el mensaje de aquel hombre...Sencillez en lo exterior, pero gran fortaleza interna.
El paso de los años ha manipulado su mensaje. Los mercaderes del alma venden su mercancia a los hambrientos desnortados en todas las calles de la ciudad tres veces santa. Ramificaciones de un mismo Dios que no se reconocen entre si, hombres en busca de un Dios que se rie ante su torpeza.
Todo fue mas sencillo, no hace falta agitar el incienso y orar a los cuatro vientos....el mensaje era simple, claro...sencillo,....como aquel hombre que oraba apoyado en este olivo hace dos mil y pico años, aquí si, en Getsemaní.