Llegó con animo de renovar el club, dirigiendo un grupo de gente joven cultivada en las mejores escuelas de negocios y curtida en las multinacionales.La casualidad hizo que aterrizará Ronaldinho en vez de un rubio inglés, y ese factor junto con un buen entrenador, hizo que la nave dejará de zozobrar y se alcanzarán grandes éxitos deportivos y económicos, porque no decirlo.
Con el éxito vinieron también los malos rollos entre los autores del juguete. Disensiones que acabaron como los malos matrimonios, en divorcio. Ha pasado el tiempo y el señor Laporta, cada vez mas presidencialista, se ha quitado totalmente la mascara que le intuíamos. A él lo que de verdad le pone, es Cataluña y su reivindicación como nación. No hace falta ser muy listo para adivinar a que se dedicará una vez abandone el fútbol.
Lo triste de esta historia, es que se aproveche de la grandeza de este club para intereses personales, despreciando a sus aficionados, socios y simpatizantes que no piensan como él. Queda el consuelo que las personas pasan y las instituciones se quedan. Tu, yo y todos los aficionados al Barcelona, somos los que hacemos grande y universal esta institución. Lo seguiremos haciendo, aunque a algunos les pese.
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